La delincuencia crea vulnerabilidades. Amenaza la seguridad y los medios de subsistencia de los ciudadanos, e infunde miedo en los hogares, las calles y las sociedades. Además, se ensaña con quienes ya se encuentran en situación de riesgo, como los menores, las víctimas de trata, las personas desaparecidas y las víctimas de la ciberdelincuencia. La delincuencia puede tener repercusiones inmediatas y personales, pero también puede socavar la confianza, debilitar la resiliencia y afectar a comunidades enteras.
Toda persona tiene derecho a sentirse segura y protegida. La confianza se genera cuando la labor policial da resultados; cuando se previenen los perjuicios, se encuentra a las víctimas, se detiene a prófugos peligrosos y se desmantelan las redes delictivas para que ya no puedan causar daño. Estos resultados demuestran a los ciudadanos que su seguridad es importante y les inspiran la confianza necesaria para denunciar delitos, aportar información y buscar ayuda. También refuerzan la legitimidad de la labor policial al demostrar equidad, eficacia y compromiso con la protección de los más vulnerables.
Los delincuentes se sirven de las fronteras internacionales para ampliar sus actividades, dirigirse a nuevas víctimas y eludir a las fuerzas del orden. La cooperación policial internacional acaba con esas oportunidades, ya que la información transmitida por un país se utiliza en otros para entrar en acción: poner a salvo a una víctima, detener a un prófugo o desarticular una red delictiva. La cooperación oportuna y las alianzas de confianza evitan que las fronteras se conviertan en barreras que impidan proteger a las personas.
INTERPOL ayuda a las fuerzas policiales de sus 196 países miembros a trabajar juntas para lograr estos resultados. A través de sus redes mundiales, conocimientos especializados y apoyo operativo, permite a los organismos encargados de la aplicación de la ley intercambiar información y coordinar las actuaciones contra las amenazas transnacionales. Porque la protección de las personas, el refuerzo de la confianza pública y la creación de comunidades más seguras son los cimientos de una labor policial fiable y legítima.
